jueves, 17 de diciembre de 2009

ADRIÁN PÉREZ

*
CUATRO PAISAJES DESDE UNA MONTAÑA


INVIERNO

Un incesante cierzo huracanado
traspasa la tersura de la nieve.
Muestran sus esqueletos de madera
los árboles desnudos en silencio.
Lanzan los fuertes robles su mirada
hacia los encinares que vestidos
de hojas perennes pasan el invierno
así agoniza un corazón desnudo
cuando su hoja marchita arrastra el viento,
frío, triste, sensible, solitario,
caduco, sin un manto que mitigue
el hielo en la terrible soledad
instalada en la angustia de los hombres.
¡Ay! Árboles que sufren un invierno
crudo de lluvia y nieve desprendida
al marcharse los días soleados.


*****

PRIMAVERA

La suave brisa, el tibio sol que llega
acariciando la redonda cima
de la hermosa montaña aún nevada.
Contemplo el nacimiento de los verdes
brotes que van surgiendo de las ramas
mientras vas despertando, primavera.
Se agolpa palpitando aquella sangre
que permaneció quieta con el frío,
renaciendo la savia adormecida.
Ya se ven florecidos los romeros,
los pequeños tomillos perfumados
que con su dulce pálpito enamoran
como una fiel caricia recibida.
Cada año al regresar van resurgiendo
todas las inquietudes y deseos,
los sueños que queremos ver crecer
en la naturaleza florecida.
¡Es hermoso pensar en ilusiones
que pueden florecer en primavera.


*****

VERANO

El fuego del bochorno abrasador
tiñe con su color de limonares
las espigas doradas de los trigos.
Se terminó el verdor primaveral
y florece romántica la rosa
rompiendo los desnudos corazones.
Verano, aquí te aguanto en la montaña
cercano a la frescura de la fuente.
Escucho esquilas entre manzanilla
sintiendo los olores del espliego.
Recibo un suave amor como una fruta
silvestre, como el canto lisonjero
del ruiseñor que llena todo el valle
con el dulce sonido de sus trinos.
¡Oh verano! En tus noches estrelladas
laten los corazones que se juntan
mientras voy recogiendo la sonrisa
que brota de unos labios perfumados.


*****

OTOÑO

Se desprenden las hojas en silencio
de los caducos árboles, sin rumbo
el viento del otoño las arrastra
con una amarga pena horticultora.
Se caen como un lento amor nacido
en una noche loca de verano,
entre gotas de lluvia como lágrimas
tristes de una esperada despedida.
¡Ay, otoño! Que llegas tan despacio
cambiando los colores del paisaje,
dejando tus imágenes doradas
en los chopos al lado de la fuente.
Sopla el cierzo anunciando un frío invierno;
se desnudan las ramas de los robles
y las encinas siembran sus bellotas.
Se desnuda el amor de un corazón
que en un suspiro el viento fue arrastrando.
Quizá vuelva a brotar en primavera
mi corazón herido y deshojado
como los fuertes robles siempre altivos.


Adrián Pérez

3 comentarios:

Ana Muela Sopeña dijo...

Qué bellas estampas, Adrián. Cada estación tiene entre tus versos su magia, su contemplación y su duende. Leer estos poemas aporta paz y sosiego.

Gracias por venir a este Oasis a compartir tu palabra.

Felicitaciones
Un abrazo desde la poesía
Ana

Manuel Martínez Barcia dijo...

Un aauténtica delicia este ciclo estacional que pastorea entre los vesos de Adrián, para mi, además de excelente compañero, una de las plumas más acreditadas de la poesía contemporánea.

Un abrazo grande para ambos y Felices Fiestas.

Manuel

Óscar Distéfano dijo...

Con maestría del verso endecasílabo nos entregas estas exquisitas descripciones del ciclo natural, donde el espíritu del hombre participa asombrado ante la belleza y el misterio de la vida. Los cuatro son poemas de una abrumadora belleza, amigo.

Un abrazo.
Óscar